CIRCULO DE ESTUDIOS IUS FILOSÓFICOS CAJAMARCA

Revista Jurídica Cajamarca

 
 

 

Las cuatro clases de amor

Abdú'l-Bahá (*)


 

 

Cadogan Gardens 97, Londres

Sábado, 4 de enero de 1913

 

¡Qué poder es el amor! Es el más maravilloso, el más im­portante de todos los poderes vivientes.

El amor confiere vida a los que no la tienen. El amor en­ciende una llama en el corazón helado. El amor concede es­peranza a los desesperados y alegra las almas de los an­gus­tiados.

Ciertamente, en el mundo de la existencia no existe un poder mayor que el poder del amor. Cuando el corazón de una persona se enciende con la llama del amor, está dis­puesta a sacrificarlo todo, hasta su vida. En el Evangelio se dice que Dios es amor.

Hay cuatro clases de amor. El primero es el que emana de Dios hacia el ser humano; está compuesto de inagota­bles gracias, resplandor divino e iluminación celestial. Gracias a este amor, el mundo de los seres recibe vida. A través de este amor, el ser humano es dotado de existencia física, hasta que, por medio del hálito del Espíritu Santo -este mismo amor- recibe la vida eterna y se convierte en la ima­gen del Dios Viviente. Este amor es el origen de todo amor en el mundo de la creación.

El segundo es el amor que fluye del ser humano hacia Dios. Éste es, fundamentalmente, fe, atracción hacia lo di­vino, enardecimiento, ascenso y admisión en el Reino de Dios, recibiendo las bondades divinas y la iluminación de las luces del Reino. Este amor es el origen de toda filan­tro­pía; este amor es la causa de que los corazones de los se­res humanos reflejen los rayos del Sol de la Realidad.

El tercero es el amor de Dios hacia Sí mismo, o la Iden­ti­dad de Dios. Éste es la transfiguración de su Belleza, el re­flejo de Sí mismo en el espejo de Su Creación. Ésta es la Realidad del Amor, el Amor Inmemorial, el Amor Eterno. Mediante un solo rayo de este Amor, es posible la existen­cia de cualquier otro amor.

El cuarto es el amor del ser humano hacia sus semejan­tes. El amor que existe entre los corazones de los creyen­tes es inspirado por el ideal de la unidad de los espíritus. Este amor se alcanza a través del conocimiento de Dios; de este modo, el ser humano ve reflejado el Amor Divino en su co­razón. Cada uno ve en los demás la belleza de Dios refle­jada en el alma y, al encontrar este punto de similitud, se sienten atraídos por amor uno hacia otro. Este amor hará de todos los seres humanos olas de un solo mar; es­trellas de un mismo cielo y frutos de un único árbol. Este amor pro­moverá el establecimiento de la verdadera ar­monía, fun­damento de la auténtica unidad.

Pero el amor que alguna vez existe entre amigos no es [verdadero] amor, puesto que está sujeto a la transmuta­ción; no es más que mera fascinación. Cuando sopla la brisa, el árbol tierno se inclina. Si sopla del este, el árbol se dobla hacia el oeste, y si sopla del oeste, el árbol se dobla hacia el este. Esta clase de amor tiene su origen en las cir­cunstancias accidentales de la vida. Esto no es amor, es simplemente amistad; está sujeta a cambios.

Hoy veis dos almas aparentemente unidas por sincera amistad, mañana todo puede cambiar. Ayer estaban dis­puestas a morir una por la otra, hoy evitan toda asociación. Esto no es amor; es la condescendencia de los corazones hacia los acontecimientos de la vida. Cuando aquello que ha originado este "amor" muere, el amor también muere; en realidad, esto no es amor verdadero.

El amor existe solamente en las cuatro formas que os he explicado: a) El amor de Dios hacia la identidad de Dios. Cristo ha dicho que Dios es amor. b) El amor de Dios por Sus hijos [por Sus siervos]. c) El amor del ser humano hacia Dios, y d) el amor del ser humano hacia sus semejantes. Estas cuatro clases de amor tienen su origen en Dios. Son los rayos del Sol de la Realidad; los Hálitos del Espíritu Santo; los Signos de la Realidad.

 


 


(*) Filósofo persa (1844-1921). Autor de las obras "Filosofía Divina", "Fundamentos de Unidad Mundial", "Secreto de la Civilización Divina", "Respuestas a algunas preguntas", entre otras. El presente texto ha sido extraído de la obra "Sabiduría de Abú'l-Bahá", la misma que contiene una serie de sus conferencias dadas en París y Londres, entre 1911 y 1913.


 

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